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EL CASTILLO Y LAS MURALLAS.
Según Loperráez: “se halla la ciudad cercada de murallas de cal y canto, bastante gruesas y elevadas, bien conservadas, y construidas con tapiales, y guarnecidas de sillares, las puertas, ángulos, cubos, fortines y bastiones, todas llenas de almenas y saeteras... Su ámbito será de media legua, suficiente para siete u ocho mil vecinos; pero muy falta de ellos y de casas en el día, según lo manifiestan en sus ruinas, y la mucha parte que se siembra dentro de ellas. Domina a la ciudad por su oriente un fuerte alcázar con sus castillos y torres, aunque ya esta todo muy arruinado conociéndose que dentro de él, y en lo que era la plaza de armas, hubo algunas casas. A la parte de oriente tiene la ciudad un famoso puente de sillería sobre el río Duero con catorce ojos, y una torre muy fuerte y elevada para su seguridad, y para evitar la entrada” (1).
Es precisamente en el Castillo donde estuvieron asentados los judíos de Soria. Hacia 1470 aparecen localizados allí, al amparo de la protección que ofrecía el tenente de la fortaleza. Pero es casi seguro, según apunta Máximo Diago Hernando, que no todos vivieran allí, y que, según demuestra la documentación, algunos fijaron su residencia en el Collado, barrio por excelencia de los mercaderes sorianos (2).
Pero parece que el barrio situado entre la Iglesia de San Juan de Rabanera y la Plaza Mayor es el que contó con más judíos entre sus vecinos. Enrique Cantera Montenegro considera que éste se consolidó en los años que siguieron a las Cortes de Toledo de 1480 como una segunda judería, de dimensiones más reducidas que las del Castillo(3).
Maria Asenjo localiza este segundo barrio judío en el espacio de la collación de San Gil, que ocupaba las proximidades de la actual Plaza Mayor y llegaba hasta la calle del Teatro, llamada anteriormente de la Judería. La collación de San Gil tenía un carácter más urbano que rural y en ella se desarrolló una actividad mercantil y artesana (4).
Los judíos de la aljama de Soria fueron los protagonistas de la actividad del préstamo en un amplio territorio a fines del siglo XV.
Sus negocios alcanzaban tanto a las economías campesinas como a la de oficiales y pequeños nobles, al tiempo que por su función de recaudadores tenían la posibilidad de relacionarse y conocer el mundo de los negocios. Del protagonismo que los judíos alcanzaron en el control del préstamo en Soria, son las noticias que tenemos de sus negocios en 1492, ya que vecinos de distintos lugares de señorío y de realengo mantenían deudas con los judíos de Soria que se vieron forzados a saldar antes de salir del reino. Sabemos que las relaciones económicas y financieras que mantenían con los cristianos eran más fluidas de lo que cabría suponer (5).
La actividad intelectual desarrollada por la comunidad judía de Soria ha sido un aspecto destacado por algunos autores (6). Podríamos mencionar las referencias a físicos judíos procedentes de Soria.
El momento a partir del cual la ciudad, entonces villa, se fortificó con la construcción de una muralla se asocia al ataque que sobre ella descargó Sancho VII el Fuerte de Navarra (1194-1234). El objetivo de esa muralla era proteger las iglesias de las collaciones y asegurar la defensa del recinto que además de su función estratégica era cabeza de la población establecida en el territorio. El recinto amurallado abarcaba unas 100 hectáreas con forma cuadrangular. Su trazado iba por uno de sus lados a la orilla del Duero y su paralelo, protegía la llanura de la dehesa. Los otros lados cerraban, por el sur, el acceso desde las zonas más altas y, por el norte, desde el flanco opuesto. Así el recinto amurallado soriano presentaba una forma de polígono cuadrangular, quizás debido a la presencia de las iglesias de las collaciones, algunas de las cuales se situaban en los vértices y en los extremos de sus lados. También prueba que no existía en el interior del recinto ningún elemento jerarquizante que favoreciese la estructura de envolvimiento que caracterizó a la ciudad medieval por su forma redonda (7).
Castillo y murallas fueron desmanteladas durante la Guerra de la Independencia, sucumbiendo las pocas puertas que quedaban a lo largo del siglo XIX.
(1) LOPERRÁEZ CORVALÁN, Juan, Descripción, II, p. 85.
(2) DIAGO HERNANDO, Máximo, Evolución urbanística y de la distribución topográfica de la población p. 35.
(3) Ibidem.
(4) ASENJO GONZÁLEZ, María, Espacio y Sociedad en la Soria Medieval, p. 597.
(5) Ibidem, p. 375.
(6) GONZALO MAESO, D., La judería de Soria y el rabino José Albo, en Miscelánea de Estudios Arabes y Hebraicos, 20-2 (1971), pp. 119-141.
(7) ASENJO GONZÁLEZ, María, Espacio y Sociedad en la Soria Medieva, p. 584.
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