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SAN JUAN DE RABANERA.
La iglesia está situada en la Plaza de San Juan, desde donde parte la calle Caballeros. Muy cerca de la iglesia estuvo la Puerta de Rabanera, que ocupaba una situación septentrional en la localización de la muralla soriana. La tradición oral que se ha mantenido asigna, la fundación de esta iglesia, a los habitantes de Rabanera del Campo, una de las 35 collaciones que participaron en la repoblación de la villa medieval. En el padrón de Alfonso X, esta collación de Rabanera contaba con 19 vecinos. Hacia la Baja Edad Media, el barrio de San Juan asume carácter de cuadrilla de pecheros. Adquiriría entonces un estatus privilegiado, con una importante población de caballeros hidalgos y no menos significativa de judeo-conversos.
El templo de San Juan de Rabanera se construyó en aparejo de buena sillería arenisca, de tono amarillento y veteado dorado, muy alterada por el abujardado propio de las restauraciones acometidas en 1908 y 1958. Fue declarada Monumento Nacional por Real Orden de 29 de Julio de 1924.
Tímpano procedente de la Iglesia de San Nicolás:
El tímpano(1) esta compuesto por siete figuras de distinto tamaño. La central representa a San Nicolás de Bari, obispo de Mira. La escena nos recuerda el momento en que el obispo es visitado por los enviados del emperador Constantino y en el que le ofrecen diversos regalos: un evangelio, un incensario y dos candelabros. Esta es la interpretación que tradicionalmente se ha venido haciendo. Marta Poza Yagüe se inclina por una lectura más sencilla del tímpano, cuya escena no representaría sino una manifestación de la dignidad del obispo acompañado por sus ayudantes y de dos obispos más.
El espacio semicircular del tímpano está ocupado por siete figuras de gran tamaño y volumen dispuestas linealmente. En el centro aparece la figura de San Nicolás, con los atributos de obispo: viste de pontifical, con la mano izquierda sostiene el báculo, hoy semiperdido, y mitra adornada con lo que parece ser la representación de un cabujón (una piedra preciosa pulimentada y no tallada, de forma convexa). La mano derecha, en actitud de bendecir. Está en posición frontal y parece estar sentado sobre un trono rematado en cabezas de león. El rostro barbado nos indica su madurez.
A ambos lados de la figura principal se disponen dos grupos de tres personajes cada uno en idéntica actitud. Los más próximos al obispo, en posición frontal, son dos jóvenes imberbes y de cabellos rizados con vestidura talar. Sostienen en sus manos un libro el de la izquierda y un incensario y otro libro su correspondiente. Les siguen otros dos, de mayor edad evidenciada por su barba rizada. Éstos sujetan con ambas manos báculos de menor tamaño que el de San Nicolás. Cierran el conjunto por sus extremos otros dos personajes de rostro infantil y cabello rizado portando un candelabro cada uno de ellos.
Los capiteles son todos ellos historiados.
Capiteles de la izquierda: Todos, salvo el tercero, representan escenas del Nuevo Testamento.
Noli me tangere: El primero de ellos es la aparición de Cristo a la Magdalena, el domingo de Pascua. La composición sitúa el episodio en el exterior, ambientado mediante los dos árboles que enmarcan la escena; uno ocupa toda la cara interna del capitel mientras que el otro extiende sus ramas por la parte superior del frente opuesto. Bajo el árbol aparece la Magdalena arrodillada que dirige sus manos hacia Cristo. La figura de Cristo resucitado es una figura de gran dinamismo.
Non est hic: El segundo capitel representa un ángel comunicando la noticia de la Resurrección a las tres Marías. La cara anterior, esta ocupada completamente por el ángel, de gran tamaño y corpulencia en relación con las tres figuras femeninas. Las alas, minuciosamente talladas para simular plumas de ave, cubren en su totalidad el fondo. El ángel señala a las mujeres el sepulcro vacío. Este elemento marca el primer plano de la composición del otro frente del capitel tras el que se ubican, una al lado de la otra, las tres mujeres. El sepulcro, un bloque estrecho y alargado, permite ver bajo él los pies y la parte inferior de los vestidos femeninos.
“La unción de Betania”: El tercer capitel, en opinión de Marta Poza Yagüe, es el único de los cuatro que no tiene relación directa con los hechos acaecidos tras la Resurrección. En el centro de la escena aparece Cristo coronado, que se dispone a bendecir el pan durante la cena, flanqueado por otros dos personajes. Bajo los manteles de la mesa y junto a los pies de Cristo, aparece una figura femenina tendida en el suelo. La lectura tradicional indica que lo representado es la cena en casa de Simón, durante la cual la Magdalena ungió los pies de Jesús(2).
“Los discípulos de Emaús. La duda de Santo Tomás”: Es el único de la serie que presenta dos episodios diferentes, uno en cada una de sus caras, y de nuevo, los dos vinculados con apariciones divinas tras la Resurrección. En una cara se relata la aparición de Cristo resucitado a sus discípulos en el camino de Meaux. En la otra escena, en el interior de una casa, se desarrolla la Duda de Santo Tomás, arrodillado éste, y tocando con la mano la herida de Jesús.
Los capiteles de la derecha representan distintos episodios de la vida del santo titular. La temática es: San Nicolás se aparece en sueños a Constantino para pedirle la libertad de unos oficiales, condenados a muerte injustamente. Así, en el capitel más cercano a la puerta aparece el momento en que el santo se le aparece en sueños a Constantino rogando la libertad de los tres inocentes. En el siguiente San Nicolás recibiendo la gratitud de varios personajes. Lo deteriorada que esta la piedra de los dos restantes, de los que ha desaparecido completamente la cara de uno de ellos, impide grandes precisiones. El tercero de la serie, podría ser una representación de los tres reos en prisión, mientras que el que cierra el grupo presenta el momento de la multiplicación milagrosa de panes que hizo el santo para dar de comer a sus feligreses.
Este templo posee una planta de cruz latina, nave de tres tramos –completamente transformada en época barroca- con ábside semicircular precedido por un presbiterio rectangular y crucero perfectamente marcado en planta. Hacia fines del siglo XV, junto a los ángulos noroeste y suroeste del crucero se añadieron dos capillas cuadrangulares.
El ábside:
El exterior del ábside semicircular despunta por su gran calidad ornamental. Arranca de un doble zócalo y presenta dos niveles delimitados por impostas y cuatro paños separados por tres pilastras de sección cuadrangular, cuyas esquinas aparecen achaflanadas a lo largo del primer nivel. En el segundo nivel, las tres pilastras se amenizan con canaladuras y rematan a la altura del alero con capiteles corintios. Los dos paños centrales del ábside están perforados por dos ventanales ligeramente apuntados. La decoración se efectúa mediante hojas de acanto estilizadas, que manifiestan cierta estructura geométrica, y dos columnas con clásicos capiteles vegetales; una imposta sobre los capiteles y el apuntamiento del arco completan las características de estas ventanas.
Unas arquerías ciegas se sitúan a ambos lados de las ventanas. En tres partes están los adornos, arriba hay estilizados vegetales, en el centro cuentan con un gran rosetón y terminan con simples estrías para la zona inferior.
Un alero, sobre canecillos, culmina el ábside. Las figuras que aparecen representadas en los canecillos encontramos animales, figuras humanas, rollos, etc.
Antigua puerta principal:
En el recorrido por el exterior de la iglesia, junto a la calle Caballeros, hay una bonita puerta cegada que debió ser la principal en los primeros momentos de la Iglesia, como así lo atestigua la riqueza de su decoración. Una arquivolta esta adornada mediante arcos entrecruzados de medio punto, pues hay otros sin entrecruzar que son apuntados y están en la misma arquivolta. En el tímpano, decorado con rosetas, se ha abierto un pequeño óculo rompiéndose así parte de esa decoración. Las columnas de fuste liso, sostienen capiteles vegetales.
Interior:
Cuando se entra en el templo lo que más llama la atención es la poca luz que hay, y que invita al recogimiento. La nave originariamente es posible que estuviera techada mediante un artesonado de madera, parecido al existente en San Juan de Duero. Pero en el siglo XVIII se colocó una bóveda de lunetos que ha durado hasta nuestros días.
La cabecera posee dos sistemas de cierre. El ábside tiene una bóveda gallonada. En el tramo del presbiterio se ensaya un nuevo sistema, pero en realidad se trata de un intento no conseguido de una bóveda de crucería.
El crucero cuenta también con bóveda de cañón apuntado en sus brazos, y en medio de estos se levanta una bellísima cúpula sobre trompas, que facilitan la conversión de una planta cuadrada en otra octogonal desde la que se eleva dicha cúpula. Se decoran con chambranas figurada con caballeros, una escena de cacería y un rico repertorio zoomórfico que recuerda la fauna de dragones, arpías, aves y leones afrontados de El Burgo de Osma; pequeños óculos, mensulillas adornadas de roleos, flores de aro y finos capiteles de acantos en correspondencia con el mismo panorama escultórico tardorrománico del norte burgalés(3).
La cúpula se asienta sobre cuatro gruesos pilares, de más de dos metros de diametro, unidos por arcos apuntados, reforzados, a su vez, por los muros del crucero. Los brazos norte y sur del crucero se cubren con cañón apuntado y, en sus lienzos orientales, se abren sendos absidiolos.
Hay que destacar la decoración de la cabecera. En particular las dos esculturas que allí se encuentran: una representa a San Pedro y la otra ha sido adjudicada tradicionalmente a un evangelista, aunque no lleva ningún símbolo que le pueda identificar. La moldura que recorre el perfil de la arcada hasta su base presenta ovas afrontadas, delimitando un registro inferior con típicas incisiones verticales en el interior de un elemento cajeado.
En el ángulo existente entre el muro oriental y meridional del transepto meridional, aparecen humildes restos de pinturas góticas que representan el martirio de Santo Tomás Becket(4). Mélida señalaba cómo sobre la enjuta del arco absidal del brazo meridional del transepto apareció un fragmento de pintura mural datable en el siglo XIV donde se apreciaban las cabezas de las tres Marías(5).
La torre:
La torre se eleva sobre el centro del crucero. Tiene un nivel inferior de cronología románica y otro superior del siglo XVI. Está perforado con ventanales de medio punto: dos en el lado occidental y una en los restantes lienzos.
(1) Los datos descriptivos y analíticos del timpano de San Nicolás, hoy día ubicado en San Juan de Rabanera, han sido tomados de: POZA YAGÜE, Marta, «San Nicolás de Soria: Precisiones iconográficas acerca de su portada», en Celtiberia, núm. 93 (1999), pp. 286-290; y BOCIGAS MARTIN, Santos, La arquitectura románica de la ciudad de Soria, Ed. Macondo Ediciones, Soria, 1979, 2ª edición, p. 99.
(2) Véase por ejemplo: BOCIGAS MARTÍN, Santos, La arquitectura románica de la ciudad de Soria, p. 99.
(3) Ibidem, p. 117.
(4) Ibidem, p. 123.
(5) MÉLIDA, José Ramon, «Un monumento restaurado. La Iglesia de San Juan de Rabanera en Soria». Publicado en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Nueva Imprenta de San Francisco de Sales, Madrid, 1910.
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